Lectura quincenal - Noviembre 2018


Noviembre está a punto de terminar y no quería dejar de compartir contigo una nueva lectura quincenal. Esta vez te traigo los primeros capítulos de Papel mojado de Juan José Millás, una novela que me mandaron leer cuando iba al instituto y que, al contrario de lo que solía ocurrir con las lecturas obligatorias, me gustó muchísimo por lo sorprendida que me dejó. De hecho, recuerdo que, cuando acabamos de leerla, vino un hombre a hablar con nosotros (con los alumnos de mi clase) sobre el libro y lo que sucedía en la historia y que tuvimos un debate muy interesante al respecto.

Años más tarde, releí Papel mojado y pude ver lo redonda que era la novela, cómo todo lo que sucede al final tiene sentido a medida que vas leyendo. No puedo hacer referencia a lo que ocurre porque entonces te destrozaría la historia (de hecho, me consta que hay entradas en algunos blogs o webs en las que lo hacen y es una verdadera pena). Solo puedo animarte a que le dés una oportunidad y después me comentes qué te ha parecido y cómo has encajado el juego que plantea el autor. Puedes encontrarme en goodreads, twitter, facebook, instagram o escribirme un mail.

A continuación te dejo las primeras páginas del libro para que vayas abriendo boca...

Papel mojado de Juan José Millás [Anaya]


Papel mojado


Juan José Millás

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UNO

Recuerdo una frase leída en algún sitio y repetida luego hasta la saciedad: «Lleva cuidado con lo que deseas en la juventud, porque lo tendrás en la edad madura». Junto a ella aparece otra de semejante calibre que la complementa y que fue para los de mi generación tan importante como la primera: «A partir de cierta edad cada hombre es responsable de su rostro». 

He querido citarlas a propósito de mi amigo Luis Mary, que las aprendió a una edad terrible, situada entre el final de la adolescencia y el principio de lo que luego resultó ser la juventud, y que se las creyó hasta el punto de convertirlas en un programa de vida. Si deseó lo correcto, el diablo y él lo sabrán; lo cierto es que a los treinta y cinco tenía el rostro que caracteriza a los habitantes de las tinieblas. Y no sólo el rostro, sino que su cuerpo había adquirido también cierto perfume entre descompuesto y agro, que llevaba consigo a a todas partes como ejemplo vivo de lo que puede ser una madurez precedida de un pasado turbulento y rico en toda clase de experiencias extrañas, prohibidas o no.

Ahora ya no va a ningún sitio ni molesta a nadie con sus amargas quejas acerca de la vida o con sus crueles ironías sobre quienes formamos parte de ella. Está muerto. La semana pasada le dimos tierra en el cementerio civil con gran disgusto de sus ancianos padres. Han situado su cadáver a metro y medio de la superficie y tiene como vecinos a un par de suicidas, que con un tiro en la boca y una corbata mortífera alrededor del cuello pasaron a una suerte de existencia donde el deseo y las corrientes eléctricas que éste produce han desaparecido para siempre.

Mi amigo Luis Mary, como puede adivinarse por las líneas anteriores, era un personaje de novela. Había leído demasiadas historias que le hicieron perder el sentido de la realidad; de la otra realidad, mejor dicho, donde discurre la vida cotidiana y uno acaba una carrera, encuentra trabajo, crea un hogar, prospera, tiene hijos, etc. Recuerdo una de nuestras discusiones favoritas en los tiempos de facultad:

—Necesito vivir —así decía él— para acumular experiencias. Quiero ser escritor y los escritores no pueden ser vulgares.

—Tú no quieres ser escritor —le respondía yo desde una posición vital que a él le parecía mezquina y ruin—. El que quiere ser escritor soy yo. A ti lo que te gusta es ser un personaje de novela, y hay que elegir entre una cosa y otra, porque no se pueden ejercer las dos al mismo tiempo.

—No, no. Tú eres un tipo muy normal: tu traje, tu corbata, tu novia... Acabarás haciendo oposiciones y serás un buen funcionario. Pero escritor, no; no das el tipo. Además, te llamas García de apellido.

—Ya veremos, Luis Mary. De todos modos, estoy dispuesto a hacerte un favor: si perfeccionas tus modales como personaje de novela, tal vez te incluya en una de las mías cuando sea famoso. Pero has de procurar trabajar más tu aspecto; no disfrazarte con esos jerseys y esos zapatos que Dios sabe de dónde sacas. además, tienes cierta tendencia a sobreactuar tus papeles.

En fin, en discusiones así gastábamos nuestro tiempo libre de estudiantes. En honor a la verdad, he de decir que su fracaso fue menor que el mío. No consiguió ser novelista, pero sí llegó a ser un buen personaje de novela. Yo, en cambio, además de no haber logrado nunca escribir más de treinta folios seguidos, tampoco conseguí retener junto a mí a la única mujer que he querido, ni encontré un trabajo digno de mis ambiciones adolescentes; no tengo, en fin, muchas posibilidades de progresar en la vida. Un desastre. Eso sí, vivo de la pluma. Soy gacetillero en una de esas revistas que hay en las mesas de todas las peluquerías. Trabajo seis horas diarias (los días de cierre un poco más) y mi trabajo consiste en escribir inmundos comentarios a las fotos inmundas que me pasa el redactor jefe. Me llamo Manolo G. Urbina (lo digo completo por si alguien lo reconoce, pues a veces también firmo inmundos artículos sobre estrellas de cine y televisión).

Por eso he decidido desquitarme de tanta vida inútil y cumplir, de paso, la promesa que un día le hiciera a mi amigo Luis Mary: lo voy a meter en una novela; en ésta que ahora mismo, esta tarde de otoño, comienzo con un ritmo febril para que mis vecinos escuchen el teclear de la máquina y se enteren por fin de que en el apartamento número siete del tercer piso vive un escritor.

[Ahora, te toca a ti descubrir lo que sigue...]


! Para consultar la ficha de este libro, pincha aquí.


¿Qué te ha parecido esta lectura quincenal?
¿Te animarías a seguir leyendo este libro habiendo leído estas líneas?
¿Alguna de las lecturas obligatorias que te hicieron leer en el colegio/instituto te impactó?

6 comentarios:

  1. Hola, me ha gustado mucho lo que leí, y definitivamente le daría una oportunidad a esta lectura!

    Cuando iba al colegio me asignaron una vez "Cuando Hitler robo robó el conejo rosa" y recuerdo que me impacto e hizo sentir muchas cosas, también hubo un ensayo y prueba del libro, en el que a pesar de haber estudiado mucho no salí muy bien... Pero bueh me quedo el recuerdo de aquel buen libro!.

    Estas es una sección muy buena, gracias por compartirla.

    Saludos!😉

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    1. Hola, Andrea:

      ¡Me alegro de que haya captado tu interés! Cuando la leas, ya me contarás qué te parece... Sobre el libro que comentas, no lo conocía. ¡Investigaré! Gracias por la recomendación ^^

      Un saludo imaginativo...

      Patt

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  2. Hola Patt!
    Ay... las lecturas obligatorias de instituto... Estaba claro que si ya te había gustado entonces, en una relectura ibas a sacarle todo el jugo. Recojo tu recomendación, me gusta lo que compartes y es una oportunidad única para leer a Millás.
    Un besin

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    1. Hola, Anuca:

      Fue una estupenda excepción porque lo que te suelen hacer leer... ufff. ¡Ya me contarás qué te parece! Muchas gracias por volver por este rinconcito.

      Un saludo imaginativo...

      Patt

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  3. Me llevo regular con este hombre ya que o me encanta o me aburre soberanamente. Y vas tu y traes uno de los libros que me faltan. Lo leeré
    Besos

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    1. Hola, Mientras Leo:

      Aaaaay, ¡te piqué el gusanillo! Ojalá este libro sea de los que te encantan del autor. ¡Gracias por pasarte!

      Un saludo imaginativo...

      Patt

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