CRÍTICA TEATRAL: N.E.V.E.R.M.O.R.E. [Centro Dramático Nacional]

Idea y creación: Chévere
Dramaturgia y dirección: Xron
Argumento:

Noviembre 2002. El Prestige, otro viejo petrolero cargado con fuel pesado, lanza un S.O.S. en medio de un fuerte temporal, a 28 millas de Cabo Fisterra. Durante seis días es remolcado sin un destino cierto, vertiendo su carga al mar, y al séptimo día se hunde a más de 3.000 metros de profundidad. Sucesivas mareas negras llegan a la costa de Galicia. Otra vez. Otra catástrofe. Después del último día del mes, miles de personas que han sabido escuchar el mar en medio de aquel sobrecogedor silencio impuesto a las olas por el chapapote, gritan juntas: ¡Nunca Máis!

Marzo 2020. Estamos buscando la historia para un nuevo espectáculo y se declara el Estado de Alarma. Poco después, en los peores momentos de la pandemia de la COVID-19 y ante la falta de medios, algunos hospitales de la costa gallega lanzan un llamamiento a la desesperada por si alguien conserva material del Prestige. Enseguida afloran miles de trajes, gafas, guantes y mascarillas usadas para combatir la marea negra. Se guardan todavía. Para cuando venga la siguiente. Esta vez no llega por mar. No mancha. No huele. Pero los trajes sirven igual, porque sospechamos que el culpable es el mismo. Nos preguntamos qué une aquello con esto.

Abril 2020. Alguien nos dice que ha aparecido una caja sin abrir con material procedente del encierro que un grupo de activistas de la Plataforma Contra a Burla Negra mantuvo en la Casa da Cultura de Laxe, un pequeño pueblo de la Costa da Morte (Galicia), entre el 25 y el 30 de noviembre de 2002, solo una semana después del hundimiento del Prestige. Es la caja negra de la catástrofe.

Enero 2021. Conseguimos abrir la caja y no nos queda otra que contar lo que hemos encontrado dentro, aunque no sirva para entender qué une aquello con esto.

El cuervo grita nunca máis


Han pasado 574 días desde que la empresa para la que trabajo decretara el teletrabajo para todos los empleados no esenciales. Y desde entonces todo el equipo hemos estado realizando nuestras tareas desde casa a excepción de dos momentos puntuales y muy justificados. En este tiempo, ha habido altos y bajos pero desde luego lo que ha quedado claro es que hay trabajos que se pueden desempeñar desde cualquier lugar. A pesar del sufrimiento y todos los inconvenientes que ha traído la pandemia, los que hemos tenido la oportunidad de teletrabajar en condiciones dignas y adecuadas hemos podido disfrutar de algunas ventajas como una mejor conciliación familiar o un ahorro considerable de tiempo en transporte. Y este último punto ha supuesto una clara mejora en el aire de las grandes ciudades. Sin embargo, con la llegada de septiembre las empresas están volviendo a apostar por la presencialidad y, en consecuencia, han vuelto los atascos. Al margen de los beneficios que tiene poder reunir al equipo de forma presencial de cuando en cuando ya sea de forma puntual o apostando por un modelo híbrido, ¿cómo es posible que, tras un año y medio de mantener los barcos a flote desde la distancia, haya tantos capitanes que estén decidiendo que es imperativo volver al buque con tanta frecuencia? ¿Es que no hemos aprendido nada en este año y medio?

Con la llegada de septiembre y la vuelta de un nuevo curso escolar imágenes de jóvenes reunidos para beber sin guardar el distanciamiento social y las medidas de prevención inundan las televisiones. Los mayores se echan las manos a la cabeza y les critican (a pesar de que en otras ocasiones hemos visto personas de sus franjas de edad haciendo exactamente lo mismo). Ellos se justifican diciendo que llevan encerrados mucho tiempo y necesitan vivir, que cualquiera a su edad haría lo mismo. Al margen de temas como el carpe diem, tempus fugit, casi todos hemos vivido de cerca la tragedia provocada por el covid (y no me refiero exclusivamente a los que se hayan infectado por el virus; debido al colapso hospitalario muchas otras personas con otras afecciones se han visto perjudicadas). ¿Realmente valen esas "justificaciones"? ¿Es que no hemos aprendido nada?

Personalmente he tardado mucho en volver al teatro u otros eventos culturales a pesar de todas las medidas de seguridad y la garantía que se reivindicaba casi como un ruego de que "la cultura es segura". Efectivamente, las organizaciones pueden intentar asegurar sus instalaciones, pero al final dependes de que las personas que acuden respeten dichas medidas. Y no siempre ocurre. Y esto es lo que puede provocar problemas, cualquiera que sea la motivación.

N.E.V.E.R.M.O.R.E. ha sido una de las obras que he visto y precisamente hila la situación actual y los acontecimientos vividos recientemente con el covid-19 con el desastre del Prestige en 2002, para narrarnos cómo fue aquello y cómo se vivió. Además, utiliza una segunda analogía, que además da título a la obra: el poema de Poe Nevermore y el grito homónimo que se alzó cuando ocurrió el desastre del Prestige en 2002 desde la plataforma Nunca Máis.


Si tuviera que destacar un solo aspecto de esta obra sería el impecable trabajo del sonido, algo de lo que no se suele hablar en este tipo de reseñas normalmente, ya que nos solemos centrar en la dirección, el trabajo actoral, la puesta en escena o incluso el vestuario. Ya desde el comienzo se aprecia que será algo importante, ya que N.E.V.E.R.M.O.R.E. comienza a oscuras, con varios minutos de los sonidos típicos de la costa que de repente quedan silenciados. Rótulos blancos sobre fondo negro, que recuerdan a los usados en las películas mudas, nos indican que no se trata de un minuto de silencio, sino que ha ocurrido algo inusitado: el chapapote ha silenciado el mar. 

Y este es únicamente el comienzo de una obra que guarda en su apuesta muchos paralelismos con el mundo audiovisual.  

Desde el comienzo de N.E.V.E.R.M.O.R.E., y especialmente en la segunda parte de la obra, podemos observar en directo cómo se realizan los efectos de sonido manualmente, algo que me recordó muchísimo a la visita que hice hace años al estudio en el que se sigue grabando The Archers de la BBC, el drama radiofónico que más años lleva emitiéndose del mundo. Aprovecho para recomendarte encarecidamente que, si alguna vez acudes a Birmingham (Reino Unido), realices esta visita; es de lo más curioso. Estos efectos de sonido del mundo radiofónico que se realizan de una forma casera y tirando de la imaginación en el cine se conocen como efectos de sala o foley (en homenaje a uno de los pioneros de este campo en el cine) y existen profesionales que se dedican exclusivamente a idear y grabar estos sonidos que se añaden a la imagen en postproducción. La verdad, es todo un arte. A continuación te dejo un vídeo que explica cómo se realizan por si sientes curiosidad al respecto: 


Una puesta en escena inicial original en la que el chapapote se recrea con paraguas (y estos a su vez no dejaron de recordarme personalmente al cuervo de Poe por la referencia del paraguas de Mary Poppins) en la que apenas hay diálogo da lugar a casi una hora de testimonios que se me hizo muy lenta y no del todo relevante para lo que se nos narra en la segunda hora de la obra.

Esta segunda parte de  N.E.V.E.R.M.O.R.E., tiene una ejecución brillante y en ella se nos recrea con todo lujo de detalles auditivos lo ocurrido el desastre del Prestige: globos que recrean el ruido de un helicóptero, guantes, walkie-talkies... Esta recreación de lo ocurrido se nos cuenta homenajeando a la famosa adaptación radiofónica que realizó Orson Welles de La guerra de los mundos de H. G. Wells a las 20 horas de un domingo del 30 de octubre de 1938 y que causó el pánico en la audiencia del programa y que más tarde creó el mito de que millones de estadounidenses se asustaron de una invasión extraterrestre. Por desgracia, lo que nos narran exquisitamente Manuel Cortés, Borja Fernández, Mónica García, Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo y Arantza Villar no fue una historia ficticia, sino que originó un desastre ecológico de grandes proporciones.

Pancartas final Nevermore
El último acto de N.E.V.E.R.M.O.R.E., nos deja con reflexiones sobre este desastre ocurrido hace ya 10 años. Además, se nos cuenta cómo lo ocurrido sirvió para que en Galicia tuvieran los recursos para ayudar a los hospitales en la etapa más dura del Covid-19 en 2020. Pero sobre todo, esta última parte de la obra nos remarca la importancia de no olvidar. Cuando algo ocurre y pasa el tiempo, termina por parecer como si no hubiera ocurrido, como si ya no tuviera importancia. Las personas seguimos con nuestro día a día, corremos un tupido velo y volvemos a las andadas. Ya sea con desastres ecológicos como el del Prestige o con pandemias, es fundamental recordar para estar preparados y haber aprendido de los errores y, si alguna vez algo similar ocurre, no tener que pasar por lo mismo.


¿Dónde y cuándo se representa N.E.V.E.R.M.O.R.E.?

Esta función se representa en el Centro Dramático Nacional desde el 17 de septiembre hasta el 10 de octubre de 2021, de martes a domingo a las 20h.

! Para más información, pincha aquí.

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