domingo, 24 de junio de 2012

El riesgo de ser dos


Es complicado hacer la crítica de una obra de alguien a quien conoces personalmente; en este caso es algo surrealista por el hecho de que el autor y director de esta obra fue mi profesor y, por muchas críticas teatrales que haya hecho hasta ahora, una servidora no tiene el mismo bagaje que un maestro.

Hoy era tanto la presentación de la obra Cuando fuimos dos, como la representación de dicha obra. Aquí os dejo la imagen con el libro -dedicado por mi ex profe-, la entrada y el programa.
La presentación ha sido extremadamente corta, ya que los actores estaban presentes y tenían que irse lo antes posible para prepararse para la función, pero muy entrañable y plagada de humor (rasgo característico de Fernando).
Me gustaría citar algunas de las cosas que han mencionado antes de dar comienzo propiamente a la crítica sobre la obra.
En primer lugar, 
Felipe Andrés -uno de los actores- ha descrito la forma de escribir de su director con la siguiente frase: "Fernando tiene una escritura muy orgánica".
Y, en segundo lugar, Fernando -el autor y director- ha lanzado un mensaje muy esperanzador que no me ha pasado desapercibido: "La tolerancia es lo que prima en la sociedad hoy en día". No sé si realmente esto es así actualmente, pero sería bonito conseguirlo.

Y sin más dilación, aquí os presento...

Cuando fuimos dos

Escrita y dirigida por Fernando J. López

El autor y director define la obra en la presentación con una sola frase que voy a tomar como sinopsis; se trata de "una obra de pareja donde dos ya no tiene sexo". Y precisamente a eso es a lo que aspira Fernando, a conseguir que los espectadores -sean de la orientación sexual que sean- se sientan identificados con los dos personajes y con su relación. Porque, al fin de al cabo, el amor es el amor y trae las mismas ilusiones, disgustos y quebraderos de cabeza a todo el mundo.

Cuando fuimos dos comienza con un diálogo que pone de manifiesto ya desde el principio las diferencias entre los puntos de vista de los dos personajes que nos van a acompañar durante la obra:


-¿Cuánto tiempo? Pues... No sé, un mes ya, creo.
-Veintisiete días.
-Lo que yo he dicho, un mes.
-Veintisiete días no son un mes. Son veintisiete días.


César y Eloy son una pareja que se reencuentra tras casi un mes para tratar, en caso de Eloy, de rehacer su relación y, en el caso de César, de acabarla definitivamente para aclararse las ideas.
Fernando nos presenta a dos personajes totalmente opuestos que, sin embargo, se atraen sin remedio. El problema es que ni la pasión ni el sexo lo es todo. La convivencia es lo complicado y es lo que acaba destruyendo la relación de estos dos jóvenes.

César es un hombre que siempre ha huido de las relaciones y de los compromisos, que ve el sexo como una necesidad física y no como una infidelidad. Aunque critica el ego de su pareja, él se quiere a sí mismo de una forma casi espeluznante; necesita ser el centro de atención y no la sombra de alguien. Le importa muchísimo su físico y acude frecuentemente al gimnasio para moldearlo.
Por otro lado, Eloy es un joven novelista (algo atormentado) que aporta el lado intelectual a la relación. Cuando escribe, se obsesiona con su texto y olvida lo que sucede a su alrededor, dejando en un segundo plano incluso a su pareja. Además, Eloy se caracteriza por su inseguridad y su carácter nervioso y tímido que contrasta con la seguridad y el exhibicionismo de César.

Lo que el autor y director nos plantea es la vida misma: los momentos felices de una relación que hacen que prospere y las discusiones -muchas de ellas causadas por minudencias- que terminan minándola.
Son impresionantes los cambios drásticos que hacen los actores para adaptarse a las distintas situaciones que van contando al espectador sin que resulte brusco. La fluidez de la actuación, en ese sentido, llama la atención.

En el montaje la luz -y los oscuros- juega un papel importantísimo para determinar el marco temporal. Una iluminación tenue, azulada, triste ambienta el reencuentro de la pareja, el cual es el eje de la obra. A partir de ahí, se van rememorando momentos de la relación que explican por qué surgió y por qué se hundió. Su tono apagado augura el final dramático de la relación.
Por otro lado, una luz brillante y amarilla es la elegida para indicar los flashbacks y transportar al lector al pasado.
La música de ambiente también me gustaría mencionarla, ya que consigue dar una fluidez extraordinaria a la obra, empastando la acción entre oscuro y oscuro.

De la dirección me ha gustado especialmente el hecho de que trascurra parte de la acción fuera del área de actuación, del propio escenario. De este modo, el carácter voyeurista del espectador se ve reafirmado, ya que en esos momentos, desde la butaca uno se siente efectivamente como un mirón que contempla la relación de dos personas y no parte de la acción. Me explico, no es que el director quiera apartarnos de los personajes, ya que uno de los objetivos claros de esta obra es que nos identifiquemos o bien con ellos o bien con las situaciones que viven, sino que les demos intimidad en esos momentos difíciles en los que discuten. Y, como sabemos, al discutir nos movemos por la casa, incluso nos alejamos farfullando para nuestros adentros. De modo que el hecho de que momentáneamente desaparezcan de escena los personajes otorga mayor realismo a la obra.

Yo no termino de entender por qué se ha puesto tanto de moda mostrar el sexo en teatro. Es algo natural, sí, yo no digo lo contrario. Sin embargo, es algo de lo que últimamente, sobre todo en montajes modernos, se está abusando hasta resultar algo cansino. Si bien es cierto que en Cuando fuimos dos la representación del sexo está tratado muy al estilo de Hollywood -se muestra el comienzo pero no aparece el acto sexual explícitamente- si se suprimieran algunos de esos momentos (la mayoría no aparecen contemplados en el texto original), no resultarían unas escenas tan repetitivas. De este modo, la obra sería algo más corta y, en ese aspecto, menos pesada.

Ya para terminar, me gustaría hablar un poquito sobre el trabajo de los dos actores:
Felipe Andrés da vida a Eloy. Recientemente le hemos visto trabajar bajo la dirección de Juan Pastor en El fantástico Francis Hardy curandero. Como en ese montaje, aquí su interpretación me ha vuelto a fascinar. Tiene un estilo claro y sencillo de hablar; se mueve por la escena sin muchos aspavientos y con naturalidad, lo cual admiro muchísimo. Parece como que su personaje le obliga a hacerse pequeño en el escenario, pero sin embargo, Felipe Andrés consigue que brille, a su manera, pero que brille.
Doriam Sojo proviene de la Sala Nudo y representa a César. No le había visto nunca hasta ahora, pero no me ha decepcionado. Sabe sacar de sí a un César muy complaciente consigo mismo y con una personalidad arrolladora. Consigue que se note la evolución del personaje, hasta terminar plagado de dudas y ser incapaz de aclararse debido a la pasión que siente por Eloy. Sin embargo, es el que da el paso más duro: el de abandonar la relación, dejándola atrás para volver a rehacer su vida y aplacar el dolor.
Los dos actores consiguen que el público ria a carcajadas y se acongoje a partes iguales. Hacen que la pasión que sienten los personajes el uno por el otro traspase la cuarta pared y llegue hasta el público. Y con el final consiguen que de muchos ojos asome alguna lagrimita que otra.

En conclusión, se trata de una obra muy personal que expone unas cuantas verdades sobre las relaciones. Todos vivimos buenos y malos momentos con nuestros seres queridos o con nuestras parejas; la convivencia es así. El final que nos plantea Fernando J. López no es muy halagüeño y optimista, pero sí nos deja entrever que una relación no se fundamenta en la pasión ni en el sexo, sino que tiene que haber mucho más detrás. Y si eso no termina de funcionar, muy probablemente la relación no consiga salir a flote. Porque compartir la vida con una persona es muy complicado; tenemos que dejar a un lado nuestro egoísmo innato y aprender a ceder, a pensar no solo en nosotros mismos, sino en la otra persona.
Es una pena que solo haya estado en cartel tan solo tres días. ¿Para cuándo la próxima representación, Fernando?

Puntuación del teatrómetro:


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¿Dónde y cuándo se ha representado esta obra?

En la Sala Triángulo (C/ Zurita, 20 - Madrid) del 21 de junio al 23 de junio de 2012


La reseña del libro la dejo para otro momento, pero antes de concluir esta entrada, os dejo aquí una lectura que quizás os pueda interesar...
! Para leer el artículo escrito por el Fernando J. López llamado El riesgo de ser dospincha aquí

Patt / Administradora de Devoim

Comencé mi andadura en este rinconcito literario y teatral allá por 2008 y desde entonces he sido la autora de todos los contenidos del blog, así como de su diseño. En la actualidad ando a vueltas con el SEO. Mi mantra: "Nunca dejes de aprender".

1 imaginaciones:

  1. Has hecho una crónica muy completa, me ha gustado mucho y has conseguido despertar mi curiosidad, hace un montón que no voy al teatro
    besos

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