Lectura quincenal - Mayo 2019


Hace días que la nueva novela de Raquel de la Morena llegó a las tiendas. Tras el anuncio de que con esta obra había ganado el Premio Titania, muchos de sus lectores asiduos estábamos deseando que saliera publicada. Tras La maldición de Trefoil House y El corazón de la banshee, al menos yo, estaba deseando de leer algo nuevo suyo. Y... ¡está aquí!

Para celebrarlo, he decidido que las primeras páginas de esta novela se conviertan en la lectura quincenal de este mes para ver si te pico el gusanillo si aún no has leído a esta autora... Esta nueva historia se narra en dos tiempos: a principios del siglo XIX y en la actualidad, ofreciendo aparentemente dos historias paralelas. Una vez más Raquel de la Morena retoma el género paranormal, con una protagonista muy, muy escéptica. Y, por supuesto, entre misterio y misterio, el romance estará presente. En cuanto al formato, consta de dos partes que dan lugar a 700 páginas, lo que viene a ser un tochito. Y es que resulta que... ¡son dos libros en uno! Tanto la editorial como la autora coincidieron en publicar las dos partes en un solo volúmen para que el lector tuviera toda la historia de una vez y no tuviera que esperar para conocer el final. Y, además, de esta forma, sale más económico, lo que tampoco está nada mal... aunque luego pese un poco para transportarlo... Las personas que se la han leído ya solo hablan maravillas de ¿Quién diablos eres?, por lo que lo único que nos queda ahora mismo a ti y a mí es... disfrutarlo.


¿Quién diablos eres? de Raquel de la Morena [Titania]


¿Quién diablos eres?


Raquel de la Morena

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PRÓLOGO

Dunbar (Escocia), 1816


Tumbado sobre la hierba que arropaba el entumecido margen del río, mientras su pecho intentaba recuperar el resuello, sintió que el corazón se le hundía en las profundidades de aquellas tierras que lo habían visto nacer. Un corazón ahogado y enterrado por la pena. 

De nada le servían ahora todas las riquezas de su familia, las buenas conexiones sociales, su influencia en la Cámara de los Comunes o su rígido sentido del honor. Había sido incapaz de salvarle la vida a su hermano, arrastrado por los efusivos abrazos de aquella endemoniada corriente... Lloraba en silencio su pérdida, y las lágrimas se confundían con el agua que le goteaba de los mechones de la frente.

Recordó que su esposa lo esperaba en lo alto de la colina, y que estaba herida. No tenía ni un segundo que perder. Logró incorporarse y avanzar renqueante.

Encontró a su amada donde él mismo la había dejado, reposando contra el robusto tronco de un nogal. A la luz de la luna parecía un ángel, cubierta apenas por aquellas enaguas de seda nívea, su camisola de lino y el corsé largo que una hora antes había permanecido oculto bajo su flamante vestido de novia.

Doblado por la tristeza, se arrodilló ante ella para explicarle que su hermano había caído al Tyne y no había logrado rescatarlo.

–La corriente fluye con demasiada fuerza, y tanta turbulencia me impide distinguir nada bajo las aguas... Lo he perdido, amor mío. Lo he perdido y estaba herido de muerte –se lamentó en un susurro.

Solo tras pasarse la palma de una mano por la cara, fue capaz de contemplar con nitidez a la joven, y su aspecto lo alarmó: su tez, revitalizada siempre por el enternecedor rubor de sus mejillas, parecía ahora amortajada por una capa de lividez extrema, y los labios habían adquirido un tono ligeramente azulado. Observó su pecho, que ascendía y descendía con una frecuencia inusualmente acelerada. No lo entendía: el arañazo que a la altura del corazón le había infligido el vampiro que los había atacado apenas sangraba y, al menos en apariencia, era un corte superficial.

–Cariño... ¿qué tienes? –balbuceó asustado–. Estás muy pálida.

–La herida... –respondió ella. Las palabras se arrastraban con dificultad por su gargante– me quema por dentro –le explicó antes de rogar que le permitiera dormir–. Solo... solo necesito descansar un momento. Te quiero tanto...

La joven amagó una de sus cálidas sonrisas, pero apenas si llegó a tibia, en consonancia con la hipotermia que parecía cubrirle el resto de la piel. La vida, incapaz de darse por vencida, seguía corriendo por sus obstinadas venas y le permitió alzar una mano, temblorosa, para acariciar la tensa mandíbula de su esposo. Las fuerzas le dieron para mantener el brazo en alto unos segundos; sin embargo, enseguida cayó agotado, como un peso muerto.

El joven caballero examinó la herida con honda preocupación: el hilo de sangre que brotaba de ella era de un extraño color parduzco.

–Dios santo, creo que es veneno –dedujo mientras examinaba las pupilas dilatadas de su amada y sus evidentes dificultades para respirar.

La llamó por su nombre dos veces, esperando que reaccionara y abriera los ojos una vez más; aquellos ojos grises en los que tantas veces había visto reflejado el enfado, la bondad, el buen juicio, la terquedad y, sí, también el amor.

[...]


1. UN EXTRAÑO EN LA NOCHE

París, en la actualidad


Daniel repitió la frase. Esta vez con más intención, engolando la voz; ya no era un ensayo. El micrófono de la videocámara semiprofesional lo escuchaba atento.

–Los privilegiados inquilinos del cementerio Père-Lachaise respetan el toque de queda que, para siempre, la muerte ha impuesto en el lugar... Pero no todos.

–¿De verdad tenemos que hacer esto, Sandrine? –susurró Audrey a su compañera. El grupo de estudiantes se había detenido junto a la luz sepulcral de una farola para grabar una nueva escena–. ¿Por qué no nos vamos y rodamos el documental sobre cualquier otro tema? Seguro que Fontaine nos catea cuando vea que nos hemos colado aquí de noche... ¡Esto es ilegal! –cuchicheó exasperada al comprobar que no conseguía la atención de su colega–. Si nos pillan...

Sandrine, resuelta a consolidar la imagen de dura que se estaba trabajando en clase desde el inicio de curso, se llevó un dedo a los labios. El gesto de la autoproclamada directora fue autoritario, sin réplica posible; y Audrey capituló: no quedaba otra que dejarse llevar por aquel trío de descerebrados guiado por Charlotte, una tarotista y vidente de cierta reputación entre los góticos de la universidad a la que habían pagado trescientos euros por el trabajito. No era el primer grupo al que la médium conducía por las inertes calls del Père-Lachaise pasada la medianoche.

Con los músculos agarrotados por la tensión de caminar entre tumbas a las dos de la madrugada, audrey tiró de sus reservas de valentía para intentar seguir el paso de aquella expedición.

–Esperad un momento –pidió Gérard mientras descabalgaba la cámara de su hombro–. Se me ha pasado comprobar que estoy grabando con los efectos que comentamos en la reunión...

–Venga, hombre, no jodas. ¿Aún estamos así? No veas si se lo estamos poniendo fácil a los seguratas. Al final terminamos la noche en comisaría –protestó Daniel con un timbre de voz anclado en la adolescencia. Por suerte para él, dominaba el arte de camuflarlo frente a cualquier micrófono que se le pusiera delante.

Como Gérard se tomaba su tiempo para revisar lo filmado hasta ese momento, el aspirante a estrella catódica se entretuvo derramando sobre Sandrine una piza de su habitual impaciencia:

–La bruja será una buena guía, ¿verdad? –murmuró Daniel señalando a Charlotte con la mandíbula–. A ver si encima nos vamos a perder.

–Tú céntrate en leer bien los textos que yo te pase, que todo lo demás está bajo control –respondió tajante Sandrine. Y si le mostró el plano a su compañero, fue más por situarse ella misma que por darle a él ningún tipo de explicación–. Mira, estamos aquí, en la avenida Transversal 1. La tumba queda muy cerca. –Una gota señaló el lugar exacto al que se dirigían–. ¡Mierda! –Sacudió el papel y lanzó una mirada de advertencia a los cielos–. Que no se ponga a llover ahora...

–¿Por qué no? Le daría mucho más ambiente al documental –se burló él. Le duró poco la sonrisa. Pasados por agua, sus exclusivos mocasines de nobuk y ante no volverían a ser los mismos.

La directora puso los ojos en blanco. Perder el tiempo dando respuestas obvias a preguntas bobas como aquella no se incluía entre sus planes. Para eso estaba Gérard:

–Ya. Mucho ambiente, tío –comentó el cámara–. Eso si estás haciendo una peli para Hollywood y cuentas con un buen equipo de iluminación. El que traemos es pura bazofia. venga, termina de leer la entradilla y dejadme grabar después unas imágenes en silencio.

Audrey, por su parte, agradeció la lluvia aunque llegara dosificada con cuentagotas. Quiso ver en ello una señal. «Quizás alguien ahí arriba nos envía agua bendita para demostrar que nos estamos haciendo nada sacrílego», intentó convencerse. El olor a tierra mojada, con el mismo efecto que la magdalena de Proust, la acompañó de vuelta a Guilers, el pueblecito donde se había criado con sus padres y dos hermanos pequeños. Echaba de menos a su familia, pero les agradecía el esfuerzo de enviarla a estudiar a París. Dejarse convencer por aquellos tres compañeros para hacer algo ilícito la hacía sentirse fatal. Rezaba por que sus progenitores al menos no tuvieran que vivir la vergüenza de recibir una llamada de la policía informándolos de que habían encerrado a su hija en un calabozo. Cuando volvió en sí, se vio frente a la tumba del cantante Mouloudji. Le gustaba su versión de La Complainte de la Butte.

Se sobresaltó cuando constató que las cuatro personas con las que había asaltado la necrópolis parisina la habían dejado atrás. Pasado el susto momentáneo de verse sola y abandonada, Audrey se planteó aprovechar la ocasión para dar media vuelta y dejar tirados a sus compañeros... Pero ella cargaba con los focos; la necesitaban y, lo más importante, quería una buena nota en Práctica Audiovisual. La beca y su futuro dependían en parte de ello. 

Correr en mitad de la noche, descubriendo sombras a su alrededor allá donde miraba, hizo que se sintiera perseguida. Avivó el ritmo. Incluso en la oscuridad, a la vista exangüe de los muertos, se avergonzaba de sus desacompasadas zancadas. Cuando alcanzó al grupo, le faltaba el aliento. Como de costumbre, nadie la había echado en falta; solo la médium, divertida al adivinar el pánico en la expresión de la chica de diecinueve años.

[Ahora, te toca a ti descubrir lo que sigue...]


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¿Qué te ha parecido esta lectura quincenal?
¿Te animarías a seguir leyendo este libro habiendo leído estas líneas?
¿Qué te parece la idea de juntar dos libros (partes) en un solo tomo?

4 comentarios:

  1. Buenaas!
    Lo vi en las novedade sy no pinta nada mal ^^
    <3

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    1. ¡Hola!

      Nada mal, nada mal. Yo creo que lo empezaré hoy, que ciertas blogueras ya me han puesto los dientes largos... ¡Gracias por comentar!

      Un saludo imaginativo...

      Patt

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  2. ¡Holaa! Ahora mismo estoy por empezarlo, qué emoción <3 <3 Aunque me intimidan un poco las 700 páginas siento que voy a amar la historia y a sus personajes.

    ¡Nos Leemos!

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    1. Hola, Florencia:

      Ay, ¡pues ya somos dos! A mí me pasa igual. Las 700 páginas me dan respeto, pero confío en la autora :) Por cierto, ¡bienvenida a Devoim! Creo que es la primera vez que hablamos por aquí. ¡Espero que sean muchas más!

      Un saludo imaginativo...

      Patt

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