sábado, 29 de marzo de 2014

Lectura quincenal

Las amigas de los ojos oscuros

Judith Lennox



PRIMERA PARTE

La orilla lejana

1960-1969

1.

Liv buscaba entre las piedrecillas algún trocito de cristal de colores. Cuando era muy pequeña creía que eran joyas: esmeraldas, zafiros, diamantes y –más difícil de encontrar– alguna piedra roja, como un rubí. Su padre, Fin, le explicó que eran vulgares cristales pulidos por el mar. Liv se imaginaba las olas recogiendo botellas rotas y cristales de ventana hechos añicos y frotándolos con un trapo hasta que adquirían el brillo suave de las perlas que Thea llevaba en torno al cuello.

Delante de ella, Fin y Thea paseaban por la playa con la cabeza gacha. Las piedrecillas crujían a su paso. El abrigo de Fin ondeaba formando una capa grande, oscura, y el pañuelo de seda de Thea se agitaba como un gallardete pálido en la brisa. Las gaviotas bajaban en picado y chillaban, haciéndose eco de las iracundas subidas y bajadas de sus voces. Llevaban las manos metidas en los bolsillos del abrigo y, mientras paseaban, sus caminos divergían. Fin tendía a ir hacia el mar y Thea se dirigía, casi imperceptiblemente, hacia tierra adentro. Liv no miraba a sus padres ni tampoco las olas, sino que mantenía la vista clavada en la estrecha franja de piedras, a la busca de rubíes y diamantes.


Un año más tarde, en un viaje desde la costa hacia el interior, llovió durante todo el trayecto. Como lágrimas, pensaba Thea, mientras observaba ausente las gotas que resbalaban por la ventana del autobús. Miró a su hija, que iba sentada a su lado.

–Ya casi estamos –dijo Thea, sonriéndole alentadora.

Liv no le devolvió la sonrisa. Ni tampoco habló. Durante los ocho meses transcurridos desde que su padre se fue de casa, Liv cada vez racionaba más su conversación, y sus ojos de un color castaño oscuro habían adquirido un aspecto hermético. Una vez más, Thea intentó tranquilizarla:

–No tenemos que quedarnos si no nos gusta, cariño.

Pero la verdad es que no sabía a qué lugar del mundo podían ir si Fernhill no les parecía bien.

Todavía llovía cuando llegaron a su parada. Los castaños de Indias goteaban, y los sedosos pétalos de las amapolas en el ribazo estaban magullados por la tormenta. Las ruedas del autobús formaron unas ondas de agua marrón al alejarse, y madre e hija se quedaron solas a un lado de la carretera. Thea recordó las instrucciones de Diana: «A la derecha de la parada del autobús, alejándote del pueblo. Estamos justo en la cresta de la loma».

Thea llevaba la cabeza inclinada cuando se pusieron a andar, y le dolían las piernas. La energía feroz y chispeante que la sos- tuvo a lo largo del espantoso año pasado parecía haberla abandonado. Intentó recordar cuándo vio a Diana por última vez. En el bautizo de Rachel, sí, pero de eso hacía ya diez años... Desde entonces se tenían que haber visto, claro. Se frotó la frente con las yemas de los dedos húmedas.

En la cresta de la loma hizo una pausa; miró sin aliento el rompecabezas de campos, corrientes y montículos que marcaban la frontera entre Cambridgeshire y Hertfordshire. A lo largo de la carretera corría un muro, en el cual se encontraban empotradas unas espléndidas puertas de hierro fundido. Thea leyó el letrero del portón: FERNHILL GRANGE. Vio entonces la casa grande, de ladri- llo rojo, situada entre unos jardines muy cuidados.

–Dios mío... –exclamó, sorprendida, al intentar imaginar a la autoritaria y jovial Diana Marlowe que recordaba como señora de una mansión campestre tan impresionante. Pero Diana, recordó Thea al abrir la puerta, venía de buena familia y se había casado bien. Y, además, Diana tenía el don de caer siempre de pie.

Fueron chapoteando por el camino. Ante la puerta principal, Thea hizo una pausa y miró a su hija.

–No tenía ni idea de que sería tan espléndida –dijo. Bajó la mano y le apartó con suavidad el húmedo flequillo negro a Liv de los ojos.

[...]
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Patt / Administradora de Devoim

Comencé mi andadura en este rinconcito literario y teatral allá por 2008 y desde entonces he sido la autora de todos los contenidos del blog, así como de su diseño. En la actualidad ando a vueltas con el SEO. Mi mantra: "Nunca dejes de aprender".

4 imaginaciones:

  1. Este libro me recuerda a una película que vi hace unos años sobre cuatro amigas de la infancia que se reencuentran años más tarde para saber qué son de sus vidas.
    Gracias por el extracto ^^

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    Respuestas
    1. ¿Y te acuerdas del título? Porque el caso es que me suena, pero no consigo encajarla y me ha picado la curiosidad XD

      Un saludo imaginativo...

      Patt

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  2. Hola^^
    Tengo muchas ganas de leerme este libro, tiene que estar genial.
    Te sigo^^
    Gracias por el extracto *-*
    Un besin(:

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  3. Tiene buena pinta *_* Gracias por el capítulo! Un besin(L

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