domingo, 26 de julio de 2009

¿Serás capaz de vivir en un metro cúbico?

3 imaginaciones
Metro cúbico


¿De qué va?

Últimamente las casas están por las nubes y, precisamente, el protagonista de metro cúbico, al ver que alquilan una casita de un metro cúbico y que el preco es razonable, decide irse allí a vivir. El hombre llega con sus llaves, su planta y su maleta, contento de haber encontrado, al fin un hogar. A partr de ese momento, trata de llevar a cabo tareas absolutamente corrientes como lavarse, tender la ropa, llamar por teléfono, dormir, atrapar a una mosca que se le cuela en su casa... Sin embargo, estas tareas pueden no ser tan fáciler de realizar en un metro cúbico...

¿Dónde puedo verla?

En la sala Cuarta Pared, los viernes y sábado a las 22:00h.

Dirección: Ercilla, 17
Cómo llegar: Metro: Embajadores (L3), Acacias (L5). Cercanías: Embajadores (C5). Bus: 27,34,36, 41,60,78, 116,118, 119,148,C,N-12

¿Cuánto cuesta la entrada?

Tarifa tipo: 11 €
Tarifa con descuento (Descuento carnet joven y descuento para grupos): 8,00 €
Tarifa tipo para espectáculos para niños y público: 7,00 €

¿Merece la pena?

Absolutamente.
A pesar de que en esta obra no se escuchan más palabras que las de la operadora de telefónica en la escena en la que el protagonista desea montar una fiesta en su casa, la obra de 50 minutos no se hace pesada en ningún momento. Las expresiones y gestos del actor son suficientes para mantener al expectador deseando saber qué va a ocurrir después...
Esta obra contiene críticas a diversos aspectos de nuestra sociedad, destacando, por supuesto, los excesivos precios de las inmobiliarias y pasando por la escasa variedad de temas de los medios de comuncación.
Además, incluye desternillantes momentos de humor como la escena del boxeo en el que el protagonista imita a Rocky o la escena en la que se le cuela un grupo enorme de moscas en la casa, las cuales no entenden nada del comportamiento del hombre que hay detro de ese metro cúbico y lo dan a entender formando entre ellas interrogaciones (??).
Y, por último, se demuestra aue se puede dar una fiesta en un lugar tan pequeño: ¡al menos puedes invitar a siete amigos!
Definitivamente, un espectáculo digno de ver. Démosle un medalla... ¿Por qué no?

26/07/09

miércoles, 8 de julio de 2009

Lectura quincenal

4 imaginaciones
La huésped, de Stephenie Meyer
Capítulo 1: Recuerdos

Yo sabía que comenzaría con el final y a esos ojos el final iba a parecerles algo similar a la muerte. Estaba avisada.
No esos ojos: mis ojos. Míos.
Porque ahora eso era yo.
Usaba un lenguaje extraño, pero con significado. Tartamudeante, estridente, oscuro y lineal.
Anquilosado hasta lo indecible en comparación con los muchos otros que antes había empleado, aunque con suficientes recursos para comunicar fluidez y expresividad; en cierto sentido era hermoso. Y ahora era mi idioma. Mi idioma materno.
Me alojé con seguridad en el centro de pensamiento de este cuerpo gracias al instinto certero que caracteriza a los de mi especie; luego me inserté de forma inexorable en cada una de sus inspiraciones e instintos hasta que dejamos de ser entidades nítidamente separadas. Ahora era yo.
No el cuerpo, sino mi cuerpo.
Percibí la lenta desaparición de los sedantes y que recuperaba la lucidez. Me preparé para el asalto de su primer recuerdo, que en realidad sería la evocación de los últimos momentos que su cuerpo había experimentado, la memoria de su fin. Estaba bien preparada, porque me habían contado con todo detalle lo que iba a ocurrir ahora. Estas emociones humanas serían más fuertes, más vivas que los sentimientos de cualquier otra especie en la que hubiera habitado antes.
El recuerdo llegó. Tal y como se me había avisado, no era algo para lo que fuera fácil estar preparada.Me quemó con su color estridente y su sonido atronador. Sentí frío en la piel, mientras el dolor se me aferraba a los miembros, quemándome. Percibía un sabor metálico intenso en su boca. Además había también un nuevo sentido, el quinto, el que nunca había experimentado antes. Éste percibía las partículas del aire y las transformaba en extraños mensajes, a veces placenteros y en otros casos avisos para su cerebro: el olor. Me distraían, confundiéndome, pero no a su memoria. Porque sus recuerdos no tenían tiempo para estas novedades del olfato, dominados como estaban por el miedo.
El miedo la había encerrado en un círculo vicioso, incitando a los miembros torpes, patosos, hacia delante, pero a la vez dificultándole los movimientos. No podía hacer nada más que huir, correr.

Me he equivocado.

Aquel recuerdo ajeno era tan fuerte, claro y atemorizador que se deslizó a través de mi autocontrol y superó la distancia que supone saber que era simplemente un recuerdo y, además, no era mío. Me arrastró al infierno que había constituido el último minuto de su vida, porque yo era ella y huíamos.

Estaba tan oscuro que no distinguía nada, ni siquiera el suelo. No me veía las manos, extendidas delante de mí. Corría a ciegas mientras intentaba escuchar el ruido de la persecución, que podía sentir a mis espaldas a pesar de lo alto que me sonaba el pulso de los latidos del corazón en los oídos.
Hacía frío. No importaba ahora, pero dolía. Tenía mucho frío.

Por su nariz entraba un olor desagradable, malo, hediondo. Esa repulsión me liberó del recuerdo durante un segundo, pero sólo fue durante un segundo, y enseguida el recuerdo me arrastró de nuevo y los ojos se me llenaron de lágrimas de terror.

Estoy perdida, estamos perdidos. Se terminó.
Ahora mismo se encuentran detrás de mí, los oigo muy cerca. ¡Se escuchan muchos pasos! Estoy sola. Me he equivocado.
Los buscadores están gritando. El sonido de sus voces me revuelve el estómago hasta el punto de que me voy a marear.
-Todo va bien, todo va bien -me miente uno en un intento por calmarme y lograr que aminore el paso. Su voz suena alterada por el esfuerzo que hace al respirar.
-¡Ten cuidado! -grita otro, avisándola.
-¡No te hagas daño! -suplica un tercero con voz profunda y preocupada por mí.
¡Preocupada por mí!

El calor recorrió mis venas y un odio violento casi me ahoga.
[...]

8/07/2009

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