lunes, 2 de marzo de 2009

Ven conmigo, y mañana el pueblo tendrá su leyenda

La dama del alba, de Alejandro Casona


¿Cómo descubrí este libro?

Por la presentación que tuvo que hacer una compañera en el insitituto en clase de lengua.

¿De qué va?

La dama del alba es la historia de una familia cuya madre todavía llora la pérdida de una de sus hijas, Angélica, acaecida muchos años atrás, mientras vive acompañada de sus otros hijos, un yerno casi ausente y un abuelo que intenta mantener la calma de la casa. Esta calma se ve interrumpida cuando una extraña mujer los visita con la excusa de venir en busca de uno de los integrantes de la familia, sin develar de quién se trata. A todo esto se suma la llegada de una muchacha desamparada, Adela, que, poco a poco, irá suplantando a Angélica; a pesar de los reparos de la dueña de casa y las miradas de amor que le prodiga el viudo de su hija.

¿Qué me pareció?

Sin duda, es una de las obras de teatro que más me han gustado hasta el momento. Las conversaciones que encauza Casona son fluidas y directas, sin florituras ni diálogos pomposos y retóricos; justamente como habla una familia en su casa. Este estilo de escritura acerca al lector a la situación que está viviendo la familia protagonista y consigue meterlo de lleno en la acción. Las personalidades de los personajes están perfectamente delimitadas, a pesar de la brevedad de la obra (cosa que es más fácil conseguir en una novela, ya que su extensión puede ser más larga).

¿Lo mejor?

El personaje de la peregrina, sin duda. Al principio, cuando la compañera que mencioné antes me habló de ella, pensé... "Humm...Pues que mujer tan rara...", pero al leerme la obra me fascinó. Me parece que es un personaje totalmente redondo, sobre todo, debido a su lucha interna por querer sentir lo que siente una mujer, pero negarse a ello al mismo tiempo.

¿Lo peor?

La abundancia de términos asturianos a lo largo de la obra. Es cierto que, al menos en la edición que yo leí, al pie de página hay aclaraciones sobre dichas palabras, pero, en muchas ocasiones, sólo te explican que ese término es popular de tal zona, pero no te explican lo que significa, bien porque la palabra ha quedado en desuso o porque es demasiado popular y no tiene un significado... digamos expecífico (por ejemplo, algunas exclamaciones)

Mis fragmentos favoritos:

ACTO SEGUNDO:

PEREGRINA.- (Con profunda emoción de queja.) Entonces, ¿por qué me condenas sin conocerme bien? ¿Por qué no haces una pequeño esfuerzo para comprenderme? (Soñadora.) También yo quisiera adornarme de rosas como las campesinas, vivir entre niños felices y tener un hombre hermoso a quien amar. Pero cuando voy a cortar las rosas todo el jardín se me hiela. Cuando los niños juegan conmigo tengo que volver la cabeza por miedo a que se me queden fríos al tocarlos. Y en cuanto a los hombre, ¿de que me serive que los más hermosos me busquen a caballo, si al besarlos siento que sus brazos inútiles me resbalan sin fuerza en la cintura? (Desesperada.) ¿Comprendes ahora lo amargo de mi destino? Presenciar todos los dolores sin poder llorar... Tener todos los sentimientos de una mujer sin poder usar ninguno... ¡Y estar condenada a matar siempre, siempre, sin poder nunca morir!

ACTO TERCERO:

ADELA.-¿Qué pueden decir de nosotros? Como a un hermano te miré el primer día, y si algo hay sagrado para mí es el recuerdo de Angélica. (Acercándose a él.) No, Martín, tú no eres un cobarde para huir así de los perros que ladran. Tiene que haber algo más hondo. ¡Mírame a los ojos! ¿Hay algo más?
MARTÍN.-(Esquivo.) ¡Déjame!
ADELA.-Si no es más que la malicia de la gente, yo les saldré al paso por los dos. ¡Puedo gritarles en la cara que es mentira!
MARTÍN.-(Con arrebato repentino.) ¡Y de qué sirve que lo grites tú si no puedo gritarlo yo! Si te huyo cuando estamos solos, si no me atrevo a hablarte ni a mirarte de frente, es porque quisiera defenderme contra lo imposible... ¡contra lo que ellos han sabido antes que yo mismo! ¡De qué me vale morderme los labios y retorcerme entre las sábanas diciendo ¡no! si todas mis entrañas rebeldes gritan que sí!...
ADELA.-¡Martín!...
MARTÍN.-(Dominándose con esfuerzo.) No hubiera querido decírtelo pero ha sido más fuerte que yo. Perdona...

ACTO CUARTO:

PEREGRINA.- Dime Angélica, ¿en estos días negros de allá no has pensado nunca que pudiera haber otro camino?
ANGÉLICA.-(Acodada a la mesa, sin volverse.) Todos están cerrados para mí. Las ciudades son demasiado grandes, y allí nadie conoce a nadie
PEREGRINA.-Un dulce camino de silencio que pudieras hacerte tú sola...
ANGÉLICA.-No tenía fuerzas para nada. (Reconcentrada.) Y, sin embargo, la noche que él me abandonó...
PEREGRINA.-(Con voz de profunda sugestión, como si siguiera en voz alta el pensamiento de Angélica.) Aquella noche pensaste que más allá, al otro lado del miedo, está el país del último perdón, con un frío blanco y tranquilo; donde hay una sonrisa de paz para todos los labios, una serenidad infinita para todos los ojos... ¡y donde es tan hermoso dormir, siempre quieta, sin dolor y sin fin!
ANGÉLICA.-(Se vuelve mirándola con miedo.) ¿Quién eres tú que me estás leyendo por dentro?
PEREGRINA.-Una buena amiga. La única que te queda ya.
ANGÉLICA.-(Retrocede instintivamente.) Yo no te he pedido amistad ni consejo. Déjame. ¡No me mires así!
PEREGRINA.-¿Prefieres que tu madre y tus hermanos sepan la verdad?
ANGÉLICA.-¿No la saben ya?
PEREGRINA.-No. Ellos te imaginan más pura que nunca. Pero dormida en el fondo del río.
ANGÉLICA.-No es posible. Martín me siguió hasta la orilla. Escondidos en el castañar le vimos pasar a galope con la escopeta al hombro y la muerte en los ojos.
PEREGRINA.-Pero supo dominarse y callar.
ANGÉLICA.-¿Por qué?
PEREGRINA.-Por ti. Porque te quería aún, y aquel silencio era el último regalo de amor que podía hacerte.
ANGÉLICA.-¿Martín ha hecho eso... por mí...? (Aferrándose a la esperanza.) Pero entonces, me quiere... ¡Me quiere todavía!
PEREGRINA.-Ahora ya es tarde. Tu sitio está ocupado. ¿No sientes otra presencia de mujer en la casa?...
[...]
PEREGRINA.-¿Distingues a Martín?
ANGÉLICA.-Ahora pasa frente a la llama.
PEREGRINA.-¿Y a la muchacha que baila con él? Si la vieras de cerca hasta podrías reconocer tu vestido y el pañuelo que lleva al cuello.
ANGÉLICA.-A ella no la conozco. No es de aquí.
PEREGRINA.-Pronto lo será.
ANGÉLICA.-(Volviéndose a la PEREGRINA.) No..., es demasiado cruel. No puede ser que me lo hayan robado todo. Algo tiene que quedar para mí.
[...]
ANGÉLICA.-¿Adónde puedo ir si no?...
PEREGRINA.-A salvar valientemente lo único que te queda: el recuerdo.
ANGÉLICA.-¿Para qué si es una imagen falsa?
PEREGRINA.-¡Qué importa, si es hermosa! La belleza es la otra forma de la verdad.
ANGÉLICA.-¿Cómo puedo salvarla?
PEREGRINA.-Yo te enseñaré el camino. Ven conmigo, y mañana el pueblo tendrá su leyenda. (La toma de la mano.) ¿Vamos?
ANGÉLICA.-Suelta... Hay algo en ti que me da miedo.
[...]
ANGÉLICA.-(Cierra los ojos.) Vamos. (Vacila al andar.)
PEREGRINA.-¿Tienes miedo aún?
ANGÉLICA.-Ya no... Son las rodillas que se me doblan sin querer.
PEREGRINA.-(Con una ternura infinita.) Apóyate en mí, y prepara tu mejor sonrisa para el viaje. (La toma suavemente de la cintura.) Yo pasaré tu barca a la otra orilla...

Algunos datos técnicos sobre el libro:

Título: La dama del alba
Autor: Alejandro Casona
Editorial: Cátedra
Fecha de publicación: 2007
Nº de páginas: 86 (sin prólogo; sólo la obra)
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 978-84-376-0465-7

3/03/2009

Patt / Administradora de Devoim

Comencé mi andadura en este rinconcito literario y teatral allá por 2008 y desde entonces he sido la autora de todos los contenidos del blog, así como de su diseño. En la actualidad ando a vueltas con el SEO. Mi mantra: "Nunca dejes de aprender".

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